Nací en Burgos hace unos cuarenta años, aunque siento que mi sangre es Cántabra, además de burgalesa. Me crié entre el campo y la ciudad, aunque no soy nada urbanita, me apasiona la naturaleza (estudié ingeniería forestal) y durante años he trabajado en el bosque enseñando la belleza de este mundo a todo aquel que quería descubrirla conmigo.
Nunca pensé en que pudiera dedicarme a ser fotógrafo, y sinceramente menos aún si hablamos de un tío que hace fotos en las bodas. De pequeño me flipaba hacer fotos a paisajes, a bichos y plantas, de hecho, no salía una persona en ninguna de mis fotografías. El tiempo hizo que eso fuera cambiando, no solo porque al ser papá le das más importancia a congelar ciertos momentos, sino porque descubrí la magia de compartir y acompañar a las personas en sus momentos felices. Y esto os lo cuento egoístamente, produce una satisfacción personal ver la sonrisa de la gente al ver mis fotografías, es como una droga preciosa y sana (no vayáis a pensar lo que no es).
Mi familia es mi mundo entero y con quienes comparto viajes y montañas. Raquel, es la piedra angular y la que me soporta desde hace más de veinte años, Mario es el mayor de nuestros terremotos y Naia la niña más guerrera de este planeta, a los que se suma nuestra hija perruna "Duna" que nos tiene enamorados y locos a partes iguales.
No quiero alargar esto, así que os diré que soy fotógrafo desde hace unos catorce años, me ha tocado caer y levantarme, vivir una pandemia mundial, dejar a compañeros y amigos atrás (o quizás a un lado), un socio, dos socios, tres socios…un hermano, dos hermanos…tres hermanos, pero gracias a la fotografía mi familia ha crecido y nunca tendré suficiente tiempo ni palabras para dar las gracias por ello.
Y ahora, gracias a ti por haberte parado a leer mi historia y si quieres seguir investigando, ver cómo trabajo y que un día sea tu historia la que cuente, será pura fantasía, será PURA VIDA.